Las últimas horas de despedida del viejo edificio de El Dorado

28 Oct

El jueves 24 de octubre de 2013 se convirtió en una fecha histórica para la aviación colombiana: último día de operaciones del antiguo edificio del Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá. Después de 54 años ininterrumpidos de operación, la madrugada del 25 cerró sus puertas definitivamente al público general y con él, una parte de la historia aeronáutica colombiana.

luis guillermo angel restrepo

Con la inauguración y posterior apertura del nuevo muelle nacional en El Dorado, los planes contemplados para el cierre y demolición del antiguo edificio comienzan finalmente su marcha. Se trata de la desaparición de un ícono arquitectónico para la ciudad, el país y la aviación colombiana que desde el 10 de diciembre de 1959 sirvió cabalmente como principal puerto de entrada y salida para la ciudad y el país.

El vuelo 7546 de Satena con destino a San Andrés partió luego de las 10 de la noche del 24 de octubre, convirtiéndose en el último en salir del antiguo edificio. La mudanza de oficinas de aerolíneas, puestos de check-in, locales comerciales y demás infraestructura del viejo al nuevo edificio había comenzado horas atrás. Los últimos pasajeros en hacer uso de la terminal compartieron el espacio con los empleados que poco a poco desmontaban todo para trasladarlo al nuevo aeropuerto.

Aviacol.net hizo un recorrido desde las 11:30 de la noche del 24 hasta la 1:00 de la mañana del 25 y acompañó las últimas labores de mudanza. Los últimos pasajeros que recorrieron los corredores del edificio lo hicieron a media noche, antes de que finalmente se cerrara al público.

luis guillermo angel restrepo

Un ambiente nostálgico y frío inundaba cada una de las áreas de El Dorado. Los locales comerciales, algunos de ellos con años de tradición allí, estaban cerrados, sus ventanas y puertas tapadas con plásticos, cartones o papeles. Los anuncios de traslado estaban por doquier y las paredes dejaban ver únicamente las siluetas de lo que alguna vez fuera un logo.

Lentamente se iban movilizando las cosas, no parecía una gran mudanza, pero esa ausencia de apuro se unía al sonido de un martillo acá, un taladro allá, pasos arriba, conversaciones abajo; el ambiente dentro del amplio edificio se volvía a cada minuto más silencioso.

Antes de que comenzara la construcción del nuevo aeropuerto, el hall principal bullía en actividad y las congestiones resultaban enormes. En el segundo piso se recuerdan las largas filas para el acceso al muelle internacional durante la temporada alta. Pero esa última noche, tanto el hall como el segundo piso, estaban completamente vacíos de pasajeros, las cintas delimitaban los espacios y las pantallas de información poco a poco se apagaban.

La plaza de las comidas, completamente organizada, parecía que estaba lista para recibir a los numerosos visitantes que diariamente transitaban por ella. Por el contrario, estaba preparada para su destino.

El limpio suelo brillaba con las luces que nunca se apagaron hasta ahora y los grandes ventanales con vista a la plataforma dejaban ver la oscuridad de la noche apenas iluminada por los pocos vehículos y luces que se veían por allí, casi sin percatarse que el edificio se despedía.

Lágrimas, recuerdos, historias; todo se une en la mente de los cientos de trabajadores que día tras día llegaban al viejo edificio a llevar a cabo sus actividades. Muchas familias tuvieron como eje central de su economía este edificio que hoy en día empieza a desaparecer lentamente.
El cierre del antiguo edificio de El Dorado es la culminación de 54 años de historia aérea en nuestro país, una historia que comenzó con afán progresista en la década de los cincuenta, que creció a la par con el desarrollo aéreo del país y que hoy finaliza para dar paso a una nueva etapa en los pasos de la modernidad.

Los pasajeros que hacen uso del nuevo edificio todavía pueden ver a través de sus resplandecientes ventanas al gigante anciano y las miles de miradas que recorrerán el nuevo El Dorado serán testigos de la lenta desaparición de un símbolo nacional. Tal vez pocos se percaten de su importancia y trascendencia histórica y sea una mole más que se derrumba poco a poco, pero para los entusiastas y conocedores de la aviación seguirá siendo el escenario de muchas historias que poco a poco se fueron construyendo.

Las imágenes hablan por sí solas y que sea este un espacio para agradecer por el invaluable servicio prestado a la ciudad y a la nación del que fuera en su momento el mayor y más moderno aeropuerto de Latinoamérica. Con la nostalgia de la despedida le decimos adiós, revitalizados por el futuro que trae la nueva construcción de la cual se hablará por años, luego de que ya no exista el viejo edificio. Para hablar del nuevo El Dorado habrá tiempo, hoy nos tomamos unos minutos para despedirnos del viejo.

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